Jiu-Jitsu

Entonces era así

José Ángel Guedea Adiego

7º Dan de Judo - Árbitro Nacional - Maestro Entrenador Nacional

Entonces era así

Yo empecé a practicar Judo en 1969. Si tenemos en cuenta que el Judo había llegado a España en 1950… me perdí 19 años de Judo.

Seguro que los que aprovecharon ese periodo de 19 años tienen muchos más recuerdos y podrían contar qué se hacía y como se hacía ese “Judo con lanza” del que habla siempre el maestro José Alberto Valverde.

Yo voy a hablar de lo que conocí. Algunos se sentirán identificados con lo que diga y les hará recordar y pensar en sus comienzos.

A los judokas jóvenes les parecerá que esto es hablar de la prehistoria, pero para que ellos puedan hacer el Judo que hacen ahora, ha habido que pasar por todo esto.

Para tratar este tema como me vienen muchas ideas a la vez lo voy a tratar de desglosar en apartados.

Los clubes

Como nota anecdótica decir que la primera cuota mensual que yo aboné en el club deportivo Nortland en Zaragoza donde empecé cuando abrieron junto a mi colegio y acordaron que fuéramos a hacer Judo durante el tiempo de gimnasia era de 195 pesetas, en actuales euros: 1’17 euros.

Mi primer kimono (entonces no decíamos judogi) de color  crudo amarillento con un olor característico de la marca Daimyo me costó 360 pesetas, si lo pasamos a euros: 2’16 euros… eran otros tiempos.

En Zaragoza aparte de mi club había otro que  ya llevaba muchos años funcionando: el Judokwai. Los dos estaban en sótanos y en consecuencia no muy bien ventilados. Los tatamis eran de serrín, virutas de madera y mantas, bajo una lona plastificada. Periódicamente había que levantar la lona para alisar los montones que se formaban. También con el tiempo las virutas se apelmazaban y resultaba muy duro.

Para montar un club, independiente de los trámites administrativos había que presentar, no se que sentido tenía, también los planos del club en la Federación.

En los clubes en los vestuarios además de las duchas existían unos lava pies, donde todos nos lavábamos y secábamos minuciosamente los pies antes de entrar en el tatami. En la actualidad algo totalmente en desuso, quizá porque la higiene ahora no es como la de entonces.

También había taquillas que se alquilaban para guardar el kimono hasta la sesión siguiente y barras en lo más alto para colgar kimonos, que también se podían dejar a riesgo de que alguien lo cogiera “prestado” si faltabas a algún entrenamiento. Este almacenaje de judogis sudados impregnaba al club de un olor que unido al olor de la viruta, el serrín y lona plastificada configuraba el olor clásico de club de Judo.

Más adelante descubrí que había clubes de Judo que no estaban en sótanos sino que estaban a nivel de calle o incluso en una planta alta de un edificio como el Judo club Barcelona instalado en un inmueble de la calle Aribau y bien ventilados.

 

Los profesores

Los profesores de entonces ninguno se dedicaba exclusivamente a Judo y no todos eran cintos negros. En el club donde yo empecé eran cuatro. José Manuel García García, el propietario que era militar y era 1º dan y maestro entrenador nacional de Judo. Jesús Vicente Pérez, un policía nacional 2º dan, entonces entrenador regional, que se había iniciado en Barcelona con el maestro Birnbaum y había sido amigo y compañero de Emilio Serna. José Yagüe, empleado de banca y 1º dan, alumno de Luís Zapatero profesor del club Judokwai y Ángel Claveras mi profesor, también alumno de Zapatero, hoy en día 8º dan, entonces cinto marrón y que estaba haciendo la mili bajo el mando de José Manuel García entonces capitán.

Como los profesores no se dedicaban solo a esto y “tenían sus obligaciones” no era extraño que llegasen tarde a impartir la sesión o incluso que no apareciesen. La clase entonces la empezaba y asumía, muchas veces “bajo indicación de la secretaria”, el judoka de más confianza, el más antiguo o de más alto grado. Podía tratarse de un cinto naranja… recuerdo que algunas veces me tocó a mí.

En aquel tiempo se podía obtener el título de monitor impartir clase y firmar grados siendo cinto marrón. Y quizá no en Zaragoza pero de lo que yo conozco, en las otras capitales y poblaciones de Aragón, los profesores que iniciaron eran cinto marrón, azul, incluso verde,… Jesús Lagranja en Tauste, Luís Ibáñez en Jaca, luego sería José María Lacasta, Salvador Cónsul en Fraga, Carlos Gil en Calatayud, Antonio Peña en Teruel, Fernando Generelo y Antonio Pardo en Huesca…

 

Las clases

En el C.D. Northland, así se llamaba mi club de Judo, las clases masculinas y femeninas estaban separadas. De hecho había un grupo numeroso de féminas de todas las edades, que practicaban dos días por semana en un ambiente muy familiar donde había mujeres mayores, jovencitas y niñas pequeñas, muchas de ellas familiares o hijas de las mayores…

Los infantiles y juveniles chicos hacíamos dos sesiones a la semana y los adultos tres.

No recuerdo nunca que se jugase en las clases en los calentamientos. Eran siempre calentamientos muy clásicos con ejercicios aunque a veces duros, básicos y fundamentales.

El protocolo de las caídas formaba una parte importante de la sesión. Todos a la vez primero de espalda, luego en un ángulo 45 grados para no golpearse con el vecino la caída de costado, y después en fila por riguroso orden de cinturón la caída de frente rodando.

Recuerdo como nos impresionaba a todos cuando hacía la caída hacia adelante Jesús Vicente, el profesor, por el ruido que producía con esos pies de gigante que tenía.

 

Las técnicas 

Los movimientos se nombraban siempre por el sistema Kawaishi. Yo no me atrevo a juzgar el nivel que teníamos, porque no lo recuerdo y no tenía criterio para hacerlo entonces, pero después de ver ahora videos de la época, donde se aprecia el Judo tan primitivo que se practicaba incluso en Japón, no me cabe la menor duda de que lo que hacíamos por aquí, sería seguro mucho más rudimentario.

 

Los exámenes 

Hacia final de curso o en la fecha que se indicaba se realizaba el examen de kyu. Se dedicaba toda la sesión a realizar el examen.

Existía un control nacional de los kyus. Cuando se pasaba de grado, el club o el profesor tenía que confeccionar y llevar a la federación regional, un acta de examen, que obligatoriamente había que enviar a la Española.

En los primeros tiempos para pasar a cinto negro o pasar de dan obligatoriamente había que competir. Los pasos de dan tenían dos fases: la primera de competición y la segunda el examen técnico.

Se hacían varias fases de competición a lo largo del año en diferentes “territoriales”. Se ponían en fila a todos los candidatos más o menos por altura o peso y se iban agrupando de seis en seis de menor a mayor peso para realizar ligas.

Si el número de candidatos no era múltiplo de seis, los que quedaban arriba se completaban con los que perdían en su liga y querían probar una segunda oportunidad.

Hacías cinco combates donde el ippon valía 20 puntos, el wazari 17 y la decisión 15. Por combate perdido te restaban 10. Había que obtener 51 puntos de una vez o 70 en dos.

Con la implantación de las nuevas valoraciones el ippon valía 10, el wazari 7, el yuko 5 y el koka 3. Si perdías no te descontaban y había que obtener 30 puntos de una vez o 100 en varias.

Una vez obtenidos los puntos podías optar a presentarte al examen técnico. El examen técnico se realizaba en España un par de veces a año. Una vez siempre en Madrid y la otra imagino que dependería de los contactos políticos de los presidentes y de los candidatos que hubiera en cada regional.

Junto a mis amigos y compañeros Manuel Hernández y Jesús García Palacin obtuvimos nuestro primer dan en Barcelona el 6 de octubre de 1974. El pasado mes de octubre hizo la friolera de 40 años.  El tribunal estaba compuesto por los maestros Roland Burger, Emilio Serna, Marcos Saila, Francisco Talens y Cesar Paez.

No quiero pecar de presuntuoso pero como fue así, lo quiero contar. Roland Burger nos felicitó y preguntó de donde éramos, se interesó por saber quién era nuestro profesor y nos encomendó que le felicitáramos. Hacía unos años que tuvimos la suerte de que “aterrizara” por Zaragoza el profesor francés Jean Cotrelle, alumno de Jean Pujol a su vez alumno de Ichiro Abe y de que se hiciera amigo de nuestro profesor Ángel Claveras. La influencia de Cotrelle en nuestro Judo, en esa época del “Judo con lanza” no le pasó inadvertida al maestro Burger.

 

Las competiciones

La mayor parte de las competiciones se realizaban en los clubes. La razón fundamental porque no había tatamis para mover. Incluso yo recuerdo fases de la liga nacional en zonas que se habilitaban en los clubes, en absoluto “reglamentarias”, jugando con los espacios entre las columnas, pero que era donde se hacían.

Cuando nuestra territorial consiguió un tatami (50 planchas), que le pasó la Federación Española después de muchas negociaciones se nos creó un problema: donde guardarlo…

Llegado el momento de la competición y entre todos, competidores, federativos profesores, árbitros, incluso amigos del público se colocaba el tatami. En ponerlo todo el mundo colaboraba porque había que celebrar la competición y se quería empezar. El problema surgía en el momento de recoger, porque al terminar muchos se iban y siempre quedaban los mismos, con las quejas pertinentes. Poco a poco se le fue dando forma a esta situación y se fue solucionando, concretando y apalabrando con judokas que se responsabilizasen de montar y desmontar.

Los tatamis solo eran de un color y se colocaba una cinta roja o blanca para delimitar el área y evitar que los competidores se proyectasen fuera.

En las primeras competiciones tampoco era obligado que hubiera un médico y si se producía una lesión se preguntaba entre el público si había un médico o alguien con nociones médicas y se trataba de solucionar el problema.

Como valoraciones solo existía el ippon, el wazari y la decisión, luego se instauró el koka y el yuko, y en la actualidad el koka se ha vuelto a suprimir.

Inicialmente eran cinco pesos: 63, 70, 80, 93 y +93 luego fueron siete: 60, 65, 71, 78, 86, 95 y +95 y más tarde se establecieron en los siete que permanecen en la actualidad.

La mujeres no compitieron oficialmente en campeonatos de Europa hasta 1975 en campeonatos del mundo en 1980 y en los Juegos Olímpicos en 1992.

 

Arbitraje: 

Las primeras competiciones oficiales que yo recuerdo en Zaragoza las arbitraba Luis Zapatero, porque era el único árbitro que existía en la regional. Luís Zapatero era el profesor de Judo del club Judokwai en Zaragoza y era árbitro internacional.

Cuando comenzó la liga nacional, incluso para realizar los campeonatos regionales la Federación española mandaba un árbitro de fuera para “garantizar” la neutralidad.

Seguro que fueron más, pero ahora no me salen más nombres… Ignacio y Jesús Alcibar, José María Chinchurreta, Paco Talens, Rene Vidal, Rafael Pinter… que vinieron alguna vez a Zaragoza.

El estamento arbitral se componía de las categorías de juez cronometrador, árbitro regional, interregional, nacional e internacional…

En aquel tiempo, estoy hablando de principio de los 70 en Zaragoza, hasta que Zapatero organizo algún curso para cronometradores, reclutaban en la mesa para cronometrar a cualquiera.

En cuanto tuvimos ocasión mi actual socio Jesús Sánchez y yo realizamos el curso para árbitro regional en un curso que en Madrid impartió el italiano Pío Gaddi.

Recuerdo que en los siguientes campeonatos regionales, aunque competíamos nos tocaba arbitrar, y antes de competir o cuando terminaba nuestro peso nos “vestíamos de bonito”.

Hay cosas que han cambiado y que me gustaría comentar.

Las salidas del tatami no se sancionaban. Cuando los competidores se acercaban a la línea roja (si se había puesto), o al límite del tapiz el árbitro anunciaba mate y los hacía volver al centro.

Cuando los competidores luchaban por conseguir su agarre y no se agarraban, el árbitro anunciaba mate los juntaba y colocaba en el centro del tapiz cogidos con un agarre fundamental y hacia proseguir el combate.

Si en suelo cuando inmovilizando o a punto de conseguirlo se salían o estaban a punto de hacerlo, el árbitro anunciaba sono mama (no moverse), y con la ayuda de los jueces y si no de otro competidor, ante el asombro del público, al que siempre provocaba  hilaridad la situación, los arrastraban al centro.

Y así es como transcurría. Seguro que hay más cosas y situaciones, pero a mi esto es lo que me ha venido a la cabeza y lo he querido recordar para que no caiga en el olvido.

Sin duda que esta reflexión la habrán seguido con más interés los mayores y coetáneos míos, que son los que hemos vivido estas situaciones y asistido a todo este cambio.

Los más jóvenes quizá se hayan sorprendido con alguna situación de cómo se hacían las cosas.

Pero el Judo ha crecido y ha madurado y de donde estaba para llegar donde ha llegado y estar donde está, se ha pasado por muchas circunstancias. 

Pero entonces era así.