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Formar personas

 

Jose Ángel Guedea Adiego

7º Dan de Judo - Árbitro Nacional - Maestro Entrenador Nacional

Formar personas

Volviendo de las Jornadas de Torrelavega el pasado 20 de julio con mis alumnos de la categoría cadete Hugo Borruel y Jaime Montaner les oigo hablar ilusionados de la experiencia vivida.

Lo que hace que me remonte en el tiempo y empiece a recordar.

El primer curso de Judo al que asistí como participante, fue en 1972, un curso que organizó mi Profesor Ángel Claveras junto con unos amigos profesores franceses en un pueblo de Huesca: Villanúa.

El curso duraba 15 días, del 6 al 20 de julio. Yo solo fui los seis últimos pues en marzo de ese año,  había sido operado de una hernia inguinal y mi madre no se fiaba de que estuviera recuperado y hasta el último momento…

El caso es que fui seis días. Los profesores fueron: mi Profesor Ángel Claveras, el que pasaría  también a ser mi Profesor Jean Cotrelle y dos franceses amigos suyos, Michel Lambert y José Supervía.

Entonces yo tenía 18 años y era cinto verde. El alojamiento fue en el hostal Collarada de Villanúa y esos días para mí, que por circunstancias apenas había salido de casa, fueron quizá los más importantes que había vivido hasta entonces. 

Mi misión allí solo era vivir y hacer Judo.

A mi me gustaba el Judo y estar en un ambiente donde todo era Judo, pudo conmigo. 

Yo entonces no pensaba en la posibilidad de ser campeón de nada. Es más, hasta hacía muy poco era especialmente torpe. No era dotado para el deporte, pero había encontrado en el Judo “un hueco” donde meterme, conocer una disciplina y medir mis posibilidades.  

Y en Villanúa todo era Judo. El Hostal lo teníamos prácticamente ocupado por judokas. Mis compañeros de habitación eran mis amigos. En el comedor, por los pasillos, todas las habitaciones, el momento de los entrenamientos, el tiempo de discoteca en “La Estrella”, por todo, se  espiraba Judo.  

Allí pasé a cinto azul y resulté campeón de la competición. Alguno pensará ¡qué memoria! Pues no, en aquel tiempo a mi ya me debía gustar escribir porque  llevaba una especie de “diario de mi vida con el Judo” que aun conservo, y las sensaciones quedaron grabadas, pero los datos los estoy sacando de esos apuntes. Podría decir hasta con quien competí y como gané.

Villanúa se celebró en 1972, 1973 y 1974. En la primera edición solo asistí seis días y en las dos siguientes ya completos. Tenía 18,19 y 20 años. Edad importante en cuanto a vivencias, desarrollo, conocimientos, relaciones, primeros escarceos, amistades. Y por supuesto… Judo. En Villanúa donde participaban también Jesús Sánchez, Carlos García, Paco Gracia afianzamos una amistad… que 46 años más tarde sigue viva.

En diciembre de 1974 pasé a cinto negro. 

Por aquellos tiempos participaba en los sectores junior y senior de los campeonatos de España y en liga nacional que se instauró por equipos de regiones, ganando y perdiendo combates, aunque sin grandes resultados. 

En 1975 el curso se pasó a hacer en Tauste. El entonces campeón de Europa, el francés Guy Auffray debía venir como Profesor, pero al no poder, mandó a un amigo que resultó ser Jean Luc Rouge, que dos meses más tarde en Viena resultaría campeón del mundo tras vencer en la final al japonés Ishibashi. 

Ese mismo verano fui con mis amigos Jesús Sánchez y Manolo Hernández también a La Baule, (Francia), con el japonés Massanori Fukami de la Universidad de Meiji. 

En 1976 el curso se llevó a Mauleon (Francia) y se dividió en dos partes. Uno  infantil y otro de adultos. Este impartido por Rouge y Auffray. 

Y primavera, verano, otoño, invierno, primavera… llega 1977 cuando Jesús Sánchez y yo, echamos a andar solos y montamos el club de Judo Las Fuentes.

Empezamos a impartir clases, se van formando grupos, van saliendo niños…, y empezamos a “funcionar”.

Y funcionando como profesores, y teniendo ya el club de Judo Las Fuentes, organizamos en Jaca (Huesca) durante más de quince años el grupo de amigos formado por Jesús Sánchez, Carlos García, Félix Asín, Paco Gracia y José Ángel Guedea un curso de 15 días, donde tratábamos de llevar a nuestros alumnos.

Jaca se celebró durante 15 años. Además con un grupo más reducido acudíamos también a otros lugares. 

Nos movimos por el Temple sur Lot buscando al maestro Le Berre, a la concentración de juveniles en la escuela de policía en Ávila que organizaba la Federación Castellana con Paco Valcarcel y Mariano Gracia al frente, a Caldetas, el stage que durante años organizó el catalán Paco Marín, a Alicante cuando Sergio Cardell, luego fue con Miriam, a Málaga en las Jornadas que organizaba Unisport … a Japón…

Algunas Navidades las pasamos en Paris entrenando en el INSEP. Y todos estos viajes tenían una misma finalidad: el entrenamiento de nuestros alumnos.

Pero, nos hemos preguntado alguna vez, ¿qué nos motiva a los judokas a asistir a un curso de Judo?

Cuando somos competidores, aprender de los maestros que imparten el curso, practicar con distintos rivales para entrenarnos más fuerte.

Cuando somos profesores, nos movemos por nuestros alumnos. Tratamos de poner los medios para que nuestros alumnos progresen.

Y ¿qué pretendíamos con todos estos desplazamientos? En Jaca, tratar de hacer vivir a nuestros niños todo lo que nosotros habíamos vivido y engancharlos al Judo. Y por supuesto, progresar, aprender, ser mejores haciendo Judo, para luego en las competiciones tener más seguridad y poder ganar. 

De la celebración en Jaca se enteró Sergio Cardell, y en varias ediciones con sus cadetes de entonces Roberto Cueto, Charly Gómez, los hermanos Rovira… y su amigo José Antonio Arruza venían con “sus niños”, para todos juntos progresar.

¿Cuál es nuestra misión? ¿Crear campeones o formar personas?, me preguntaba en un campeonato el entrenador catalán Pablo Saez siempre avalado por un grupo importante de alumnos en cuanto a nivel y con resultados.

Porque todos queremos tener campeones, pero campeones ¿de qué?

Podemos ser el mejor de la clase, del club, de la autonomía, de España, de Europa, del mundo, olímpico…

Si nos ponemos como objetivo solo el de tener campeones, podemos llegar a sentirnos frustrados muchas veces porque siempre hay alguien por encima de nosotros, que nos puede y nos va a ganar.

En España hemos tenido tres campeonas olímpicas: Miriam Blasco, Almudena Muñoz e Isabel Fernández. Miriam e Isabel salieron del mismo cado, aunque los artífices del reto fueron Sergio Cardell de Miriam y Javier Alonso de Isabel. Almudena Muñoz tuvo a Salvador Gómez como mentor.

Recuerdo cuando Miriam resultó campeona del Mundo en Barcelona 1991, sentada feliz en la grada junto a Sergio, y que este le decía: “mañana Indurain se va a proclamar vencedor del Tour. De esta medalla de hoy no se va a enterar nadie. La medalla importante es el año que viene en los Juegos”. Y el año siguiente, ya sin Sergio, y con la colaboración de su amigo Josean Arruza, Miriam logró su objetivo.

De Isabel, recuerdo una vez hablando con su marido Javier Alonso sobre la dificultad que yo veía por todo lo que estaba consiguiendo y me dijo: “no te engañes José Ángel, con Isabel es fácil”…, aunque no creo yo que fuera tan fácil.

En cuanto a Almudena siempre que la he tratado me ha parecido una deportista ejemplar, pero nunca he llegado a tener ni con ella ni con su entrenador el trato que tuve con Sergio y con Javier.

Evidentemente las tres tenían o tienen unas condiciones innatas, y las tres demostraron y han demostrado una gran ilusión, interés, preocupación, y sobre todo capacidad para asimilar trabajo, mucho trabajo.

Y volviendo a Torrelavega y viendo a Profesores rodeados e ilusionados por sus niños, muchos de ellos tratando simplemente de que se empapen de Judo y esperar como dice un proverbio árabe: “lo que tenga que ser será…”

Pero otros preocupados, estudiando las posibilidades de sus pupilos y previendo sus logros en competición.

Y con esos objetivos en mente, toca pensar, toca trabajar y toca pelear…

Y sin desmerecer ninguna de las dos opciones, tenemos que tratar de ser realistas y tenemos que conocer analizar bien a nuestro judoka para saber la materia prima con la qué jugamos.

Ver el camino que hay por delante y decidir que queremos hacer: “crear campeones o formar personas”.

Sato dice que: “el valor del deporte radica más bien en el proceso por conseguir el objetivo, que en el objetivo mismo”

Y de alguna manera siempre podemos estar tranquilos, si entendemos que del proceso de crear campeones resulta un caldo de cultivo idóneo, donde podemos ayudar a formar personas.